Centro de Estudiantes de Ingeniería de Sistemas

LA DICTADURA TECNOLÓGICA

Posted on: junio 23, 2008

LA DICTADURA TECNOLÓGICA

Miguel-Angel Davara Rodríguez

– Introducción.

Es discutible la teoría que defiende que el ser humano nace libre por naturaleza cuando lo cierto es que posee una evidente tendencia a vivir sometido bajo unos teóricos símiles dictatoriales que le marcan desde la cuna hasta la tumba; unas constantes que le empujan a vivir en una esclavitud consentida e, incluso, buscada y necesitada. Él mismo va creando en su entorno las características básicas para permanecer en la esclavitud que, más o menos conscientemente, le interesa mantener.

Los grandes sabios que en la historia han sido, comprobaron su naturaleza de esclavos y la imposibilidad de salir de ella aunque en todos destacó una constante: La necesidad de comunicación buscando la «manumisión» hacia una teórica libertad. Pero solamente vive y se desarrolla en esa teórica y buscada libertad quien intenta romper los esquemas establecidos por el sistema en el que ha sido engendrado. El hombre, desde que nace, es víctima de una serie consecutiva de dictaduras, y ello marcha en paralelo con su crecimiento, formación y desarrollo.

Si, en el ámbito político y de gobierno de los pueblos, entendemos por dictadura aquel gobierno que, invocando el bien común, se ejerce fuera de la legalidad constituida en un determinado territorio, sus similitudes con las fases de formación de la voluntad del hombre se encuentran claras, entendiendo por dictadura en el orden afectivo y de formación de la persona aquella que, invocando el interés del individuo, se ejerce tangencialmente con las normas naturales y con la razón de libertad del propio ser, que exigiría una mayor capacidad de reacción fuera de unos paradigmas de bien o mal, instituidos o creados por quien ejerce la autoridad, moral, económica, e incluso, anímica y afectuosa. Es en este sentido como entenderemos y aplicaremos el término dictadura.

– Las dictaduras en el desarrollo de la personalidad.

Encontramos primero, la que podemos llamar dictadura ideológica, cuyo origen es la cuna, fruto del entorno familiar o social en el que el hombre va formando su personalidad.

Las grandes conquistas sociales en las que la humanidad ha encontrado su auténtico motor de cambio han sido promovidas por convulsiones propias de una adecuación de la idea a la realidad social. Quienes intentan liberarse de estas simbólicas, al tiempo que reales, opresiones pseudodictatoriales, acaban en el vacío de algún tipo de marginación.

Los grandes hombres que han existido en la humanidad se nos presentan de la mano de la marginación; marginación social, marginación cultural, marginación económica, marginación, en ocasiones provocada, o automarginación; pero marginación, al fin y al cabo. La propia historia de Jesucristo es una clara historia de marginación en la que, guiado por una concepción de entrega universal, se ve desplazado en su tiempo y lugar, llegando a crear auténticas situaciones de enfrentamiento con filosofías de comportamiento que le llevarán, incluso, a ser considerado enemigo del orden social sin haber realizado ni provocado actitudes violentas.

Es tendencia innata en el ser humano buscar su existencia en libertad; para ello se cuestiona múltiples preguntas aun sabiendo que nunca encontrará contestación, al tiempo que busca una seguridad en su entorno que pretende basarla en el equilibrio de comportamientos y relaciones. Esto hace que se desarrolle navegando en la duda que le provoca una angustia constante.

La angustia de la duda, en ocasiones base de las creencias religiosas y motor que mueve la fe, necesaria para el desarrollo de cualquier actividad, proporciona la dinámica de funcionamiento útil a la labor creativa diaria; la necesidad imperiosa de crear es la que hace al hombre creativo. Y esa creatividad se basa en la aplicación tanto de los conocimientos adquiridos con base en una aplicación de la experiencia, como en la toma de decisiones con base en la ignorancia; la ignorancia conocida y la ignorancia desconocida.

Surge de esta forma otra nueva dictadura que atenaza a los hombres en su devenir social, y que es propia de la necesidad de crear y fomentar actividad en su entorno, consustancial con su necesidad de conocer y saber; vamos a llamarle dictadura creativa.

Avanzando así en su camino, con los vicios adquiridos en su primitiva dictadura ideológica, fruto del pensar y sentir del ambiente familiar y social en el que ha nacido y desarrollado sus primeros apuntes de personalidad, el hombre va constantemente adecuándose en una autoformación que le lleva a la creación de unos paradigmas que sirvan de guía o control a una forma de respuesta al quién soy y dónde voy. Podríamos llamarle la dictadura formativa, tercera dictadura que le ata en su caminar.

Tres etapas, y dictaduras, la ideológica, la creativa y la formativa, que le acompañan ya a lo largo de su vida, sin lograr desencadenarse de ellas.

En nuestro análisis consideramos que el ser humano crece primero en una constante creativa que le mueve a realizar determinadas actividades cara a una mayor calidad y. en ocasiones, a una tendencia de mínima subsistencia, buscando realizar las acciones óptimas para lograr, en un ámbito determinado, su mejor acomodación al entorno. Esta creatividad le lleva a desarrollar su ámbito de formación. Es por ello que decimos que antes viene la dictadura creativa que la formativa, aunque es difícil deslindarlas porque una sucede a la otra en una interrelación constante y necesaria, comenzando ya sus primeros grados de experiencia.

De la misma forma que en la antigua Roma, ante una emergencia determinada se podía otorgar, por los Cónsules y el Senado, poder total a un solo hombre para la solución o atender de manera uniforme y con un criterio único un determinado problema y, una vez resuelto, volvía el poder a los órganos institucionales previstos como normales, parece ser que el individuo ha recibido de su propia naturaleza este poder para vivir en sociedad hasta que los problemas se solucionen y devolver más tarde el poder a cada uno de los estamentos que, en forma solidaria y democrática, puedan mejor llevar a feliz término los anhelos de convivencia.

En principio, esta dictadura en la que nace el hombre debería tener calidad de temporal, aunque su repercusión fuera en toda la vida de la persona, pero es el propio individuo el que debe deshacerse de ella y echarla violentamente fuera de sí en un reconocimiento de formación de personalidad libre, ajena a tabúes y condicionantes de formación social.

Esto no ocurre en todos los hombres y podemos hablar de tres tipos de ellos: a) El que nace, vive y muere esclavo; b) El que nace esclavo pero, a partir de un determinado momento, acepta las reglas de un gobierno dictatorial respecto a los paradigmas de vida y un gobierno en democracia o en libertad respecto a las ideas y pensamientos individuales que no afecten en sí al sentido social del resto de sus convivientes, y c) El que nace en esclavitud pero en cuanto tiene una mínima capacidad de raciocinio ya no acepta ningún tipo de dictadura, rompiendo con todos los ligamentos establecidos por los sistemas sociales y realizando una automarginación ideológica con consecuencias estructurales.

Pero, en la época actual, el hombre mismo, en su afán de comprender el entorno para incidir sobre él, en su lucha por lo que se ha dado en llamar el desarrollo, ha creado una nueva forma de estructurar su actividad, apoyándose en unas sofisticadas herramientas que le pueden llevar a sufrir la peor de las dictaduras: la dictadura tecnológica.

Es, seguramente, la peor de las dictaduras; de un lado, porque el ciudadano puede no ser consciente de su existencia y sufrir sus consecuencias mediante un implacable control de sus actividades, e incluso, previsión de sus futuros movimientos en unos ámbitos determinados; de otro lado, porque la dificultad de desmontar este control tecnológico es tan grande, que puede llevar aparejada una aceptación como mal menor, ante la situación de inseguridad que produciría la vuelta atrás en poco tiempo, debido al bloqueo de actividades e instituciones que puede traer.

– El experto humano y la máquina experta

Una de las características de un experto humano, que alimenta en gran parte su credibilidad, está basada en la correcta utilización de su ignorancia y en su capacidad para asumir riesgos en la duda. Cuando un experto aplica una teoría, lo hace con su correspondiente grado de certeza de acuerdo con lo que se ha dado en llamar experiencia y no como conclusión de una certeza total.

Para que una máquina pueda trabajar y llegar a tomar decisiones de la misma forma que lo hace un experto humano, hay que proporcionarle la posibilidad de aplicar la falta de conocimientos -la ignorancia- con un grado determinado de certeza.

Una creación dinámica en este sentido nos lleva a indicar la ocurrencia de un hecho o la definición de un concepto con un grado de certeza determinado. Estamos trabajando con la «exacta incertidumbre» que bien utilizada traerá conclusiones acertadas. Los conocimientos aplicados con grados de experiencia permiten concluir soluciones que no se encuentran en las premisas ni están permitidas por las reglas. Se formarán así otros tipos de reglas con grados aceptables de incertidumbre; reglas que no podemos considerar como inciertas, sino, en todo caso, como no exactas. ¿Es que actúa de otra forma un experto humano?

Consiste este método en llegar a simular el comportamiento de un experto humano mediante un razonamiento lógico, pero que puede no ser exacto -que se supone igual al que realiza el hombre-, concluyendo en cada decisión hasta qué punto las circunstancias que rodean un hecho se pueden asociar por su similitud y «razonable presunción» de concurrencias con una determinada acción o verificación de una hipótesis que se considera base de la decisión.

A ese punto le denominamos «grado de certeza» y le otorgaremos una fiabilidad acorde con dicho grado. Navegando a través de la red semántica -o de otro medio de representación del conocimiento, en su caso- y siendo exigentes y rígidos con los «cumplimientos otorgados» a los grados de certeza, se llega a una «razonada presunción» que se asume como decisión. Nos movemos así en lo que se ha dado en llamar la teoría de las «técnicas indistintas» mediante la que, partiendo de hechos y conceptos que conforman el problema o consulta y trabajando con resultados intermedios aproximativos, llegamos a decisiones que tienen la misma eficacia y fiabilidad que aquellas basadas en datos precisos. Se trata, por tanto, de «enseñar a pensar» a la máquina más o menos bien, es decir, con mayor o menor grado de exactitud en su decisión, valorado siempre en la asunción de un riesgo controlado.

No debemos confundir el grado de certeza con las probabilidades de que se dé una determinada circunstancia o se cumpla un hecho. El grado de certeza es la mayor o menor confianza que el experto tiene en el cumplimiento de la acción o premisa, en su caso. Para poder actuar de forma similar a como lo realiza la inteligencia humana, no solamente se tiene que utilizar el conocimiento, sino también la «ignorancia», con una capacidad de asunción de riesgos similar a la que tiene un experto que se basa en la incertidumbre relativa de la asociación de sus conocimientos para llegar a una conclusión. El razonamiento humano está basado, en múltiples ocasiones, en conceptos aproximativos a los que la experiencia o la intuición les asigna un coeficiente de exactitud o, por expresarlo de otra forma, grado de confianza.

De esta forma, en un Sistema Experto se utilizan unas reglas que están basadas en razonamientos intuitivos para tomar una decisión; este tipo de reglas proporcionarán el nivel de mayor o menor bondad del Sistema Experto.

Por ello, es esencial al realizar un Sistema Experto, asociar incertidumbre, exactitud y conclusión, con un grado «razonable e inteligente» de certeza. No queramos que la máquina enseñe al hombre el camino a seguir, sino que le apoye en la consulta y toma de decisiones que él aceptará y adoptará en el ejercicio de su libertad.

Esperamos y deseamos que el hombre sea el creador de sus propias tendencias y se pueda presentar ante su entorno en la forma, lugar y momento que considere oportuno en el ejercicio de su derecho a la libertad. ¿Será posible que la máquina llegue a tomar decisiones de esta forma en un futuro? ¿Entraríamos, más de lleno, si cabe, en la que denominamos dictadura tecnológica?

Las que hemos denominado dictaduras ideológica, creativa y formativa son el complemento a la personalidad del hombre, que incluso la define y orienta, y que hace evolucionar a su ser proporcionándole una base de lucha y sentido de existencia. Sin embargo, la que hemos denominado dictadura tecnológica, pragmática e instrumental, no puede aportar sentidos positivos a su existencia, corriendo el peligro de hundirle en un vacío que le impida maniobrar.

– La Dictadura Tecnológica

Ya hemos indicado en varias ocasiones, y nuevamente incidimos en el mismo aspecto, la unión de tecnología y comunicaciones a la que consideramos centro de atención en el cambio social que se está produciendo. No son la informática, ni la tecnología del tratamiento automático de la información, las que hacen nacer y crecer los problemas sociales que estamos analizando; es la extraña unión con las telecomunicaciones la que propicia esta mezcla explosiva que preocupa, al tiempo que consideramos necesaria.

Se ha discutido mucho si los medios de comunicación son un agente de cambio beneficioso para el desarrollo de la humanidad. Ello, en principio, no se pone en duda; no obstante, parece que estos medios de comunicación están sirviendo en ocasiones más como instrumento de control que como agentes de cambio.

Los teóricos de las ciencias sociales, entre los que podemos destacar a Louis Wirth y a Talcott Parsons, nos han llevado a pensar más en el papel de los medios de comunicación como instrumentos de control que como agentes de cambio, llamando la atención sobre las implicaciones que pueden tener con una no acertada orientación en el propio desarrollo de la humanidad.

No es la primera vez que experimentamos este temor, ante la posibilidad que existe -a veces pensamos que no es una posibilidad, sino una triste realidad-, de llegar a esa figura, poco comentada y muy dañina para el régimen de libertades, que estamos denominando la «dictadura tecnológica».

Somos de la teoría de que el hombre busca ejercer poder o dominio sobre otros hombres una vez que ha superado la etapa de dedicar sus esfuerzos a lograr la supervivencia. El dominio del hombre sobre el hombre es una constante en su naturaleza que, desarrollada en mayor o menor medida, hace salir a la luz comportamientos propios de histerias y egocentrismos, con paranoias de actuación. El poder del hombre no reside en los bienes materiales sino que llega a su punto más álgido en el dominio o poder sobre otras personas que hace tener un sentimiento de autosatisfacción pregonando su superioridad sobre los semejantes.

Los sistemas de información y comunicaciones, con las posibilidades que ofrecen de almacenamiento y tratamiento de la documentación y la recuperación de información, se convierten, o se pueden convertir, en un instrumento de presión y control social. La ayuda que proporcionan las comunicaciones y la transferencia telemática de datos entre ordenadores, facilitan que así sea; es por ello que planteamos una pregunta ante la facilidad de utilización de los medios de comunicación con una orientación distinta a la que en principio debería ser la adecuada: ¿se están utilizando los sistemas de información como instrumento de control social?.

No conocemos, o no queremos conocer, la respuesta a esta cuestión por lo que terminaremos nuestra exposición dejando abierta la pregunta que, por sí sola, enlaza con nuestro convencimiento de la existencia total de una dictadura tecnológica.

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